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Esperanza ante el dolor




Una esperanza en medio del dolor



Hace algunos años escuchaba una ilustración de parte de un predicador que deja una gran lección.
 Contaba que un pueblo ubicado a orillas de un río, fue prácticamente casi todo  arrasado por una fuerte creciente dejando  a  cientos de personas sin casa, sin propiedades y dejando muchos amigos y familiares desaparecidos. En medio del dolor alguien colocó una valla con una aviso que decía:   “Cuando pases por las aguas   yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán” a lo que un periodista se acercó   y le preguntó: “Señor usted porqué coloca dicho aviso si el río prácticamente  se llevó todo” A lo que él le respondió “El río se llevó nuestros muebles, el río se llevó nuestros vestidos, el río se llevó nuestras casas, pero el río no se llevó nuestras esperanzas ni nuestras ilusiones”

Quizás muchos sean los momentos difíciles llenos de tristeza y dolor por los que hemos estado viviendo en esta tierra, momentos de angustia y desespero por causa de una enfermedad, momentos en los que no hay fuerzas para seguir por la pérdida de un ser querido, momentos en los que se  quisiera gritar y decir “No puedo más”  y quizás te preguntas ¿Por qué   tanta adversidad? ¿Por qué tanto dolor?
 En ocasiones sentimos que todo nos sale mal y que pareciera que no vale la pena vivir y quisiéramos tener   la capacidad o el poder para cambiar todo, pero nos toca resignarnos con nuestra triste condición. Mi querido amigo solo tú y Dios saben cuantas han sido  las lágrimas derramadas y cuantas son las noches en las que no se ha podido dormir desesperado.
Hace algunos años, antes de mi padre fallecer, recuerdo su situación luego de haber padecido un grave accidente. Salíamos de un hospital, en el que no le atendieron porque el especialista no llegó ese día, él con mucha dificultad caminaba y recuerdo que  bajando unos escalones por poco se cae, al sujetarle y ver su dolor, en ese momento miré al cielo y mi mirada era un clamor al cielo pidiéndole  a mi Padre celestial que interviniera

Si sientes que tu vida ha llegado a un momento en el que no puedes más, si sientes que no tienes fuerzas para continuar, si sientes que  todos tus amigos te han abandonado y nadie te puede ayudar, si sientes que para tus problemas no hay solución humana  si sientes que tu vida cada día se hunde más y más en   un lodo cenagoso y del que quisieras escapar, entonces es el momento de alzar tu vista y mirar al cielo que algo mejor está por llegar.
 Jesús le expresó a sus discípulos “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad yo he vencido” y les dijo: “No se angustien ustedes crean en Dios y crean también en mi, en la casa de mi Padre muchos lugares hay… voy a prepararles un lugar y después de irme y prepararles un lugar vendré otra vez para llevarles conmigo…” (Juan 16:33; 14:1-3) La segunda venida de Jesús  es la bienaventurada esperanza, es la esperanza de que un día todo este mundo de tristeza y dolor cambiará, es la  esperanza de que nuestras lágrimas ya no serán más, que nuestras angustias y enfermedades un día cesaran. El apóstol san Juan escribió “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ello y ya no habrá más muerte ni llanto ni dolor porque las primeras cosas pasaron.
Todo este mundo de maldad, de injusticias, de odio, de resentimientos, de perversidades un día cambiará y estas ya no serán más.
Ya no tendremos  que llorar por nuestras enfermedades, ya no tendremos que llorar en nuestras noches por la falta de empleo, ya no tendremos que llorar por nuestra impotencia ante el dolor, ya no tendremos que llorar más por nuestros seres queridos porque con ellos nos reencontraremos.
Dicen las Sagradas Escrituras:
“porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él… Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel  y con trompeta de Dios, descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitaran primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1Tesl 4:14-17)
Esta  es la esperanza del cristiano y esta debe ser tu esperanza. Esta hermosa promesa nos da la certeza de que un día veremos a nuestros seres queridos fallecidos. La segunda venida de Jesús es y debe ser tu esperanza también.
Recuerda las ríos de dificultades  pueden  llevarse tus vestidos, pueden llevarse tu casa, pueden llevarse tu salud, pueden llevarse a un ser querido, pero jamás deben llevarse tu fe y tus esperanzas


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